Beth George, a menudo llamada la 'susurradora de bagels', ha pasado más de dos décadas perfeccionando la producción del bagel perfecto al estilo de Nueva York. Su enfoque se aleja de la producción masiva 'impaciente' típica de muchas panaderías industriales, centrándose en cambio en un proceso que involucra el amasado a mano, la fermentación en frío y una mezcla de 'sponge' patentada, una pre-fermentación que se añade a la masa final para realzar el sabor. George ve el bagel como una obra de arte que requiere atributos físicos específicos: debe ser redondo, ligero, sin arrugas y poseer un 'brillo' distintivo. Para lograr esto, supervisa cada detalle, desde la temperatura precisa de la masa hasta el peso específico de cada anillo, el cual asegura que se sitúe entre 4.5 y 6 onzas.

En lugar de utilizar un modelo de franquicia tradicional, George opera una academia de consultoría de alto contacto. Los clientes firman contratos de 15 meses que incluyen un entrenamiento intensivo de tres días, cursos de actualización y acceso a sus recetas protegidas bajo acuerdos de confidencialidad. Su servicio incluye la provisión de hojas de cálculo de presupuesto, planes de diseño de cocina y una 'terapia de bagels' continua, que consiste en la resolución de problemas en tiempo real a través de mensajes de texto y llamadas para solucionar problemas operativos como hornos averiados o lotes inconsistentes. Este modelo permite a los propietarios mantener su independencia y desarrollar sus propios sabores únicos mientras se benefician de su marco de investigación y desarrollo y de su estructura operativa establecida. George cobra una tarifa de consultoría de cinco cifras y una regalía del 2% si el negocio se vende en un plazo de diez años.

George trata la viabilidad de una tienda de bagels como un problema matemático, enfatizando ratios de gastos generales específicos para garantizar la rentabilidad. Ella aconseja que el alquiler no debe superar el 10% de los ingresos brutos, mientras que los costos de bienes y mano de obra deben permanecer cada uno por debajo del 35% para proporcionar un margen para gastos inesperados. Ella sostiene que la clave del éxito reside en perfeccionar el producto principal —el bagel y los sándwiches— en lugar de diversificar hacia artículos no relacionados como helados o capuchinos. Si bien la barrera de entrada es alta, con un costo de inicio de aproximadamente $500,000, su modelo prioriza la sostenibilidad a largo plazo a través de la excelencia del producto y una gestión financiera disciplinada por encima de una expansión rápida y de baja calidad. Sin embargo, la fuente no proporciona tasas de éxito auditadas para sus clientes ni una comparación financiera directa contra modelos de franquicias nacionales para cuantificar el margen exacto del éxito de su consultoría.