El documental "You Can See Everything", dirigido por Lance Oppenheim y Nathan Fielder, explora el ascenso y la caída de Elizabeth Holmes y su empresa emergente, Theranos. Si bien la película cronica ostensiblemente la historia de engaño de Holmes, los críticos y espectadores han observado que el propio documental emplea técnicas sofisticadas de narración para moldear la respuesta emocional de la audiencia. Al utilizar ángulos de cámara específicos, primeros planos y un orden deliberado de la información, los cineastas pueden cambiar la percepción del espectador sobre Holmes y quienes la rodean de un rol narrativo a otro, moviéndose entre los papeles de víctima, villana o manipuladora.

La película utiliza ángulos de cámara específicos y encuadre visual para moldear la percepción de la audiencia sobre Elizabeth Holmes.
Uno de los mecanismos principales de este cambio narrativo es el uso del encuadre visual para evocar impresiones emocionales inmediatas. Por ejemplo, un plano de primer plano de una Holmes sin parpadear podría proyectar una sensación de intención siniestra, mientras que un plano más amplio de ella con un niño puede humanizarla instantáneamente. Estas señales visuales están diseñadas para eludir el análisis lógico, creando una base emocional que el espectador luego busca justificar con hechos. Este proceso refleja un fenómeno psicológico donde los individuos forman una impresión emocional primero y, posteriormente, buscan evidencia para respaldar ese sentimiento preexistente. El documental sirve como una demostración práctica de lo fácil que pueden fabricarse estas impresiones a través de elecciones cinematográficas.
Sin embargo, la dependencia de la película en estas técnicas plantea interrogantes sobre la fiabilidad del narrador y la objetividad del retrato. Debido a que Nathan Fielder vivió con los sujetos durante un mes antes de que Holmes fuera a prisión, su proximidad a los eventos introduce una capa de interpretación subjetiva. Además, el enfoque del documental en el encuadre narrativo resalta un matiz significativo en el caso de Holmes: aunque fue condenada por defraudar a inversores por más de $700 millones, fue absuelta de todos los cargos relacionados con el fraude a pacientes. Al centrarse en la 'magia' de la narración, la película puede oscurecer estas distinciones legales, ilustrando cómo la preferencia de una sociedad por una narrativa clara de 'bueno contra malo' puede anular las complejidades de un caso criminal matizado.
En última instancia, la película funciona como un metacomentario sobre la naturaleza de los documentales. Desafía la suposición de que los espectadores son observadores objetivos que sopesan los hechos por igual; en cambio, sugiere que el medio cinematográfico está inherentemente diseñado para explotar la psicología humana. Al participar en los cambios narrativos de la película, la audiencia experimenta de primera mano con qué facilidad sus opiniones pueden ser dirigidas por la persona detrás de la cámara, independientemente de los hechos presentados frente a ella. Esto crea una paradoja donde el espectador observa una historia sobre una mujer que engañó al mundo, solo para darse cuenta de que está siendo activamente engañado por el mismo medio que utiliza para aprender sobre ella.
El documental no proporciona una respuesta definitiva sobre si Holmes fue la figura más manipuladora en su círculo o si estuvo en gran medida ajena al caos que la rodeaba. En su lugar, deja al espectador con una serie de preguntas sin resolver sobre la naturaleza de la verdad en un entorno saturado por los medios. Al resaltar las herramientas de engaño —edición, encuadre y secuenciación—, la película obliga a una confrontación con el hecho de que nuestra comprensión de las figuras públicas es a menudo un producto de cómo se cuentan sus historias, más que de los hechos crudos de sus acciones.
Una limitación notable de este análisis es la falta de datos técnicos específicos sobre el proceso de edición de la película o los estudios psicológicos exactos utilizados para validar sus cambios narrativos. Si bien la película demuestra estos efectos, la 'fórmula mágica' específica de su construcción permanece en gran medida tras bambalinas. Además, la distinción entre las elecciones artísticas de la película y los hechos legales reales del caso Theranos sigue siendo un punto de tensión para los espectadores que buscan un relato puramente objetivo del fraude. La película prioriza la experiencia de ser engañado sobre una recitación seca de la evidencia, convirtiéndola en un estudio de la percepción tanto como en un estudio de un crimen.
Lo que sigue siendo incierto es hasta qué punto estas técnicas cinematográficas pueden usarse para ocultar los matices legales específicos del caso de Holmes, como la absolución en los cargos relacionados con pacientes. Si bien la película demuestra con éxito el poder de la narrativa, también corre el riesgo de simplificar un fracaso legal y corporativo complejo en una historia digerible y emocionalmente cargada. Para el espectador, la conclusión principal no es solo la historia de Theranos, sino la comprensión de su propia susceptibilidad a los mismos métodos de narración que dieron vida a la historia en primer lugar.