La cadena de suministro global de productos del mar depende en gran medida de la harina de pescado, un polvo elaborado a partir de pescado seco y pulverizado, que se utiliza como alimento principal en la acuicultura. Sin embargo, la harina de pescado es químicamente inestable; a medida que se descompone y se oxida, es propensa a la combustión espontánea. Este peligro provocó una serie de incendios marítimos e industriales significativos entre las décadas de 1950 y 1970, incluido un notable incendio en 1966 en el SS South America en Róterdam. Para mitigar estos riesgos, la industria recurrió al ethoxyquin, un antioxidante sintético utilizado originalmente como conservante para frutas y como retardante de llama para neumáticos de caucho.

Un gran incendio arde en el barco SS South America en el puerto de Róterdam.
Un incendio en el SS South America en 1966 fue uno de los muchos incidentes marítimos que involucraron carga inestable de harina de pescado.insideclimatenews.org

La imagen ilustra el riesgo histórico de combustión espontánea en la carga de harina de pescado que llevó a la adopción del ethoxyquin.

Una tabla que enumera 87 incendios en cargas de harina de pescado, plantas y almacenes entre 1950 y 1978.
Datos que muestran la frecuencia de incendios relacionados con la harina de pescado durante mediados del siglo XX.insideclimatenews.org

Este gráfico proporciona evidencia cuantitativa de los peligros históricos mencionados en el primer párrafo.

A finales de la década de 1970, el ethoxyquin se convirtió en un requisito estándar para la seguridad marítima, con la Guardia Costera de los Estados Unidos y las Naciones Unidas recomendando su uso para prevenir incendios en la carga. Aunque es altamente eficaz para estabilizar la harina de pescado, el químico ha enfrentado una creciente presión regulatoria debido a preocupaciones de seguridad. Las investigaciones han vinculado el ethoxyquin con efectos tóxicos en animales de laboratorio, y una revisión de 2015 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) identificó impurezas en el químico, como la p-fenetidina, como potencialmente mutagénicas. En consecuencia, la Unión Europea suspendió la autorización del ethoxyquin como aditivo alimentario en 2017, lo que llevó a su prohibición en el Reino Unido y otros países del Espacio Económico Europeo.

A pesar de estas restricciones, el ethoxyquin sigue estando permitido en varios mercados importantes, incluidos Estados Unidos, Australia, Japón y Corea del Sur, aunque está sujeto a límites regulatorios específicos. La industria se encuentra actualmente en un periodo de transición; mientras que algunos productores, como Cargill, han pasado a alternativas como el extracto de romero o la vitamina E, otros continúan utilizando ethoxyquin o su sustituto común, el butilhidroxianisol (BHA). El BHA es favorecido por su menor costo y fuertes propiedades antioxidantes, pero también ha sido identificado por el Programa Nacional de Toxicología de los Estados Unidos como un carcinógeno humano razonablemente anticipado. Esto crea un panorama regulatorio y de seguridad complejo a medida que la industria de la acuicultura equilibra la necesidad inmediata de alimentos seguros contra incendios con las preocupaciones a largo plazo sobre los aditivos químicos en la cadena alimentaria.