El Museo de la Bicicleta Shimano se encuentra en Sakai, una ciudad a unos quince kilómetros al sur de Osaka, aproximadamente a treinta minutos en tren desde la estación central de Osaka; la estación Sakaihigashi es la más cercana de las dos. Este relato proviene de una reseña presencial publicada en The Inner Ring y, basándose en la evidencia que proporciona, el museo vale la pena la visita.

El edificio es difícil de pasar por alto: una estructura moderna de vidrio y acero de 4,223 metros cuadrados que, vista en fotografías, podría confundirse fácilmente con una sede corporativa con un museo escondido en su interior. En realidad, es todo museo, y el vecindario que lo rodea es común.

Exterior del Museo de la Bicicleta Shimano en Sakai, un edificio moderno de vidrio y acero
El exterior moderno de vidrio y acero del museo en Sakai, Japón. Foto: The Inner Ring.inrng.com

El artículo describe el edificio como una estructura moderna de vidrio y acero de 4,223 metros cuadrados que, vista en fotografías, podría confundirse fácilmente con una sede corporativa con un museo escondido en su interior, aunque en realidad es todo museo, situado en un vecindario de lo contrario común.

Lo primero con lo que te encuentras es un mensaje de bienvenida en la pared, escrito en japonés e inglés: "En japonés, llamamos a la bicicleta 'jitensha', que literalmente significa 'ruedas giradas por uno mismo'. Esto significa que una bicicleta es operada por el ciclista y que hay tantas formas de disfrutar del ciclismo como ciclistas". El museo es bilingüe en todas sus partes y, para cuando sales, esa frase sobre las muchas formas de disfrutar del ciclismo se ha convertido silenciosamente en el punto central de todo lo que has visto.

En la planta superior, una gran sala oscura alberga una procesión de bicicletas bajo focos, dispuestas como una cronología de la máquina: desde los caballos de juguete hasta la llegada de los pedales, la cadena, los neumáticos y el largo arco de evolución que siguió. El mismo espacio funciona como auditorio; en horarios programados se proyecta una película educativa sobre la historia de la bicicleta y los orígenes del deporte ciclista, enmarcada en un contexto más amplio de guerra, industrialización y consumismo.

Luego viene una sala de un blanco brillante, iluminada por la luz del día a través de vidrio esmerilado, donde las exhibiciones no están delimitadas por cuerdas ni guardadas tras vitrinas. La Flandria de acero de Freddy Maerten se encuentra elevada en un pequeño escenario, lo suficientemente cerca como para leer la calcomanía de tubos Ishiwata y el desviador trasero Shimano Crane, los rastros más tempranos de Shimano en el pelotón profesional. Otras máquinas se tratan de la misma manera: bicicletas utilizadas en los Juegos Paralímpicos, con sus modificaciones personalizadas visibles a un brazo de distancia, y una Breezer, una de las primeras bicicletas de montaña que salieron a la venta, que lleva un juego de dirección Campagnolo y manetas de freno de motocicleta entre sus componentes.

El museo también muestra interés por las bicicletas que la gente realmente montó. Una Crescent en los colores amarillo y azul del servicio postal sueco, equipada con neumáticos con clavos para circular sobre hielo bajo una carga pesada. Una Cannondale muy usada y cargada de equipaje, con neumáticos de repuesto envueltos alrededor de las maletas como boas constrictoras, todo cubierto de polvo, como si Tatsu Sakimoto la hubiera sacado a mitad de camino durante su viaje de cuatro años y 55,000 kilómetros alrededor del mundo. Una Merida de la carrera de ruta de los Juegos Olímpicos de 2021, marcada con arañazos y abolladuras por choques; la carrera parece ayer, pero la bicicleta ya parece antigua. Hay bicicletas infantiles, bicicletas de compras y muchas máquinas que casi cualquiera reconocerá de su propio pasado.

Entre las exhibiciones educativas, un stand compara tubos de acero, aluminio y titanio y permite levantarlos para sentir el peso de cada uno. Otro invita a levantar una bicicleta de carreras para apreciar lo ligera que es. El mensaje detrás de todo esto es simple, y es el mismo que el texto de la pared te dio en la puerta: las bicicletas pueden hacer muchísimo.

En realidad es difícil encontrar mucho sobre Shimano en sí en el museo. Hay una mención pasajera de que los herreros de armas en Sakai comenzaron a reparar bicicletas importadas a finales del siglo XIX y pronto empezaron a fabricarlas, lo cual es apropiado, ya que Sakai había sido durante mucho tiempo un centro de producción de acero, primero para espadas y luego para armas y cubertería. Shimano fue fundada en ese mismo entorno y su primer producto fue un piñón libre. La empresa más tarde aplicó la misma ingeniería de engranajes a los aparejos de pesca y hoy, aproximadamente una cuarta parte de los ingresos de Shimano —unos mil millones de euros— proviene de la pesca. Sin embargo, no hay ni una caña ni un carrete en el edificio.

Lo que el museo sí muestra, en un stand dedicado, es una bicicleta de carreras despiezada: aproximadamente 3,200 piezas si se cuenta cada pasador de cadena, perno y circuito electrónico. Se exhibe un grupo Shimano Dura-Ace —un grupo es el conjunto de componentes de transmisión y frenado de una bicicleta—. Buscarás durante mucho tiempo SRAM o Campagnolo, aunque hay algunos ejemplos presentes, incluyendo un desviador trasero Mavic.

La planta superior está dedicada a los grupos insignia de Shimano. Las vitrinas contienen las gamas Dura-Ace y XTR comenzando en 1973, luego 1984, 1996, 2004, 2012, 2016 y 2021, con cuatro vitrinas vacías esperando a 2027 y lo que venga después. Detrás de las exhibiciones hay una biblioteca y, más allá, un archivo cerrado para investigadores, con estantes llenos de libros, folletos y catálogos. El reseñador lo llama un tesoro de material de fuentes primarias, y es la última parada antes de que seas libre de salir a pasear. No hay una tienda de regalos que promocione camisetas o componentes Shimano, y esa ausencia es parte del objetivo.

En el veredicto del reseñador, el museo es "firmemente un museo de bicicletas con muy poca historia corporativa y sin ventas forzadas". Cubre la historia de la bicicleta y pone la máquina primero, desde el hierro fundido arrugado de las primeras bicicletas hasta el desensamblaje explotado de una bicicleta de carreras moderna hasta el último componente. Existen otros museos de bicicletas —muchos son más pequeños y parecen proyectos de aficionados, y los museos de ciencia o arte a veces montan excelentes colecciones de ciclismo temporales— pero este funciona como una colección permanente, realzada por su arquitectura. Giant mantiene un museo posiblemente similar en Taiwán.

Para un visitante, los detalles prácticos son sencillos. Sakai está a unos treinta minutos en tren desde el centro de Osaka, con aparcamiento para bicicletas en el museo. La entrada figura en JPY 500, menos de tres euros; el reseñador no guardó el recibo y cree que el precio puede haber subido, pero incluso si se duplicara seguiría siendo barato.

Lo que el museo no hace es explicar cómo Shimano llegó al ciclismo europeo. Su propio relato es una progresión constante y documentada de grupos a lo largo de cinco décadas; la cuestión de por qué, desde principios de la década de 1980, un fabricante japonés comenzó a producir cambios indexados, platos de cadena no circulares, piñones de cassette y bloques de varias velocidades que los ciclistas europeos adoptaron tan rápidamente no es un tema que el museo aborde. Esa parte de la historia vive en otro lugar. Lo que este museo ofrece, en cambio, es un registro paciente y accesible de la máquina en sí, y para cualquiera que alguna vez se haya preguntado cómo llegamos desde el caballo de juguete hasta una bicicleta con tres mil piezas, vale mucho la pena el viaje en tren.