En 1975, aproximadamente la mitad de los adultos estadounidenses informaron que recibían a amigos o familiares en su casa al menos una vez al mes. Para 2026, esa cifra había caído a solo el 12 por ciento, según una encuesta de Data For Progress que replicó los estudios de estilo de vida DDB Needham citados por el sociólogo Robert Putnam, lo que representa un descenso del 70 por ciento en la acogida en el hogar durante cincuenta años.
Thompson identifica varias razones interrelacionadas para esta tendencia. En primer lugar, el aumento de los hogares con doble ingresos significa que ambos miembros suelen trabajar a tiempo completo, dejando poco tiempo de ocio para organizar reuniones elaboradas. En segundo lugar, la crianza intensiva ha incrementado el tiempo que madres y padres dedican a sus hijos, convirtiendo las noches que antes pasaban con amigos adultos en actividades centradas en los niños. En tercer lugar, las redes de amistad se han reducido, especialmente entre los estadounidenses sin título universitario y los que están solteros, disminuyendo el grupo de posibles invitados. Finalmente, los avances tecnológicos han hecho que el ocio solitario sea más atractivo, ya que el streaming, los videos de formato corto y los podcasts permiten a las personas entretenerse sin salir del sofá.
Aunque los datos documentan un descenso claro, el artículo deja abiertas preguntas sobre causalidad y consecuencias. No establece si la reducción de las redes sociales causa menos acogida o si la menor acogida debilita aún más esas redes. Además, Thompson no evalúa el impacto más amplio de este cambio en el compromiso comunitario, la salud mental o la vida cívica, señalando únicamente que la abundancia moderna ha hecho que estar solo sea más fácil y agradable que coordinar con otros. El grado en que esta tendencia refleje una transformación social duradera frente a un cambio reversible en las preferencias sigue siendo incierto.
