Cuando los ataques aéreos rusos dejaron fuera de servicio las plantas de energía ucranianas anteriormente este año, la mayor parte de Mykolaiv perdió la capacidad de bombear agua potable. Sin embargo, en un suburbio oriental, el agua continuó fluyendo desde los grifos de la cocina—alimentada por un pequeño campo solar fuera de la red y un sistema de baterías financiado por el gobierno danés. Las dos instalaciones elevadas hacen funcionar una bomba subterránea en las instalaciones. «Solo hay suficiente sol [en enero] para que funcione», dice Olena Kondratiuk, gerente de proyecto de Ecoclub, una organización sin fines de lucro que ayuda a los municipios a obtener energías renovables.
Mykolaiv, a solo 60 kilómetros de territorio ocupado por Rusia, fue objeto de fuertes bombardeos en 2022. El sistema central de suministro de agua resultó dañado, dejando aproximadamente a la mitad de la ciudad sin agua corriente regular. Hasta que el parque solar comenzó a operar, los residentes accedían a agua salada de estuarios o hacían fila para recibir agua de tanques públicos móviles. Cinco sistemas de desalación alimentados por energía solar en otras partes de la ciudad convierten agua salina en agua potable cuando brilla el sol; de noche y en días nublados, dependen de la red central—si está operando. El sistema puede suministrar 1,2 millones de litros de agua potable al día a 250,000 residentes, lo que lo convierte en uno de los más grandes de su tipo en Europa.
El artículo sostiene que la experiencia de Ucrania ilustra una vulnerabilidad más amplia de la energía centralizada. Rusia ha atacado sin tregua plantas térmicas, redes de transmisión y subestaciones, con economistas estimando que el daño total al sector energético supera los 56.000 millones de dólares. El ambientalista estadounidense Bill McKibben escribe que las instalaciones complejas y centralizadas son «blancos fáciles para ataques de drones», mientras que la generación más pequeña y dispersa con baterías es más difícil de atacar y se repara más rápidamente. Jeff Oatham de DTEK, el mayor inversionista en energía de Ucrania, lo cuantifica: una planta de energía a carbón es un único objetivo que un misil podría destruir; «se necesitarían alrededor de 40 misiles para causar el mismo daño de capacidad en un parque eólico».
Los analistas de energía de Ucrania describen el cambio como una política de seguridad cuidadosamente calculada, no como un símbolo climático. «La transición energética de Ucrania no es un eslogan», dice Levgeniia Kopytsia del Instituto para la Protección Climática, la Energía y la Movilidad. «Es una transformación impulsada por la seguridad, que se desarrolla bajo restricciones extremas. Prioriza la descentralización, la flexibilidad y la velocidad de recuperación». La AIE informó el verano pasado que Ucrania había dado «fuertes pasos» en la reconstrucción de la resiliencia, con la energía solar en techos, la fotovoltaica a pequeña escala y el almacenamiento local liderando el despliegue.
El despliegue de almacenamiento se ha acelerado dramáticamente. El operador de la red nacional invirtió el año pasado en una capacidad de almacenamiento de medio gigavatio—justo menos de un cuarto del suministro total de Alemania, pero desplegado en aproximadamente seis meses en comparación con los dos años típicos en Europa, según el Financial Times tal como lo cita el artículo.
El artículo también señala límites. Ucrania aún requiere una red centralizada para opciones de suministro más grandes, como turbinas de gas y parques eólicos, y esos enlaces de transmisión siguen siendo objetivos rusos. El artículo indica que los ucranianos están colocando subestaciones bajo tierra, como ahora hacen con las escuelas. También reconoce que no hay cifras públicas disponibles sobre la producción de energía por razones de seguridad, y que el país imagina generadores diésel, instalaciones de biomasa y pequeñas turbinas de gas junto con las renovables como parte de su mezcla de suministro disperso.
Una brecha significativa que el artículo no aborda es el costo. Cita al experto ucraniano en energía Andriy Martynyuk, quien señala que la adopción de energía solar en techos es en gran medida un fenómeno de base popular, y que la demanda podría aumentar aún más cuando se eliminen los subsidios estatales para la energía convencional—but no proporciona una comparación de costos de instalación o de costo nivelado entre la energía solar distribuida y las alternativas centralizadas.
