El Evento Carrington de 1859 sigue siendo la tormenta geomagnética más potente jamás registrada. Auroras iluminaron los cielos en todo el mundo, las estaciones de telégrafo soltaron chispas y se incendiaron, y algunas personas informaron de haber leído periódicos bajo el resplandor de las auroras boreales. Pero el Evento Carrington no fue la primera vez que una tormenta solar se encontró con la tecnología humana.

En 2013, los académicos descubrieron un informe anónimo publicado en Nature en 1871 que describía una "perturbación magnética muy intensa" que interrumpió el transporte ferroviario en Exeter, en la costa sur de Inglaterra, en octubre de 1841. Si fuera exacto, habría sido el relato más antiguo conocido de clima espacial afectando a la tecnología, casi dos décadas antes que Carrington.

Un nuevo estudio publicado en la revista Space Weather en septiembre de 2026 afirma que la fecha de 1841 es casi con seguridad incorrecta. Un equipo liderado por Jim Wild de la Universidad de Lancaster, con investigadores del British Geological Survey, Natural Resources Canada, Baylor University, RMIT University y STFC RAL Space, concluye que la verdadera interrupción ocurrió varios años después, el 18 de octubre de 1848. Argumentan que la fecha de 1841 fue un error tipográfico en el informe de 1871.

El relato original es específico. Describe cómo un tren expreso de las 10:05 p.m. que partía de Exeter se retrasó dieciséis minutos porque el operador del telégrafo no podía saber si la línea ferroviaria adelante estaba despejada o ocupada por otro tren. La mayoría de las empresas ferroviarias emergentes de la época habían cableado sus líneas con telégrafos eléctricos para el control de trenes, precisamente para evitar colisiones. El autor anónimo escribió que los operadores "informaron a la mañana siguiente que alguien estaba jugando con los instrumentos".

El primer problema con el relato es logístico. La South Devon Railway Company construyó las vías entre Exeter y Plymouth por etapas, y el Parlamento no aprobó la construcción hasta julio de 1844. La sección relevante de la vía no se abrió hasta el 30 de mayo de 1846, cinco años después del retraso reportado. Un tren no podría haberse retrasado en una línea que no existía.

Entonces, ¿por qué un error tipográfico? Los investigadores encontraron que los detalles, aunque erróneos en el año, son correctos en otros aspectos. Los horarios ferroviarios contemporáneos muestran un tren expreso de las 10:05 p.m. saliendo de Exeter entre el 11 de marzo de 1848 y el 26 de julio de 1849. Y el 18 de octubre de 1848 fue, según múltiples medidas independientes, un día de fuerte actividad geomagnética. Magnetogramas digitalizados del Greenwich Magnetic Observatory en Londres registran perturbaciones "extraordinarias" en el campo magnético esa noche. Los periódicos de la época publicaron relatos de la tormenta, y el astrónomo británico Temple Chevallier registró observaciones de manchas solares el 19 de octubre de 1848. Bajo la suposición de que la historia es cierta, la explicación más sencilla es que "1841" fue un desliz de la pluma por "1848".

Magnetograma digitalizado del Greenwich Magnetic Observatory que muestra perturbaciones extraordinarias en el campo magnético el 18 de octubre de 1848
Un magnetograma digitalizado del Greenwich Magnetic Observatory en Londres, capturando la fuerte actividad geomagnética registrada en la noche del 18 de octubre de 1848.arstechnica.com

El sexto párrafo del artículo explica que los magnetogramas digitalizados del Greenwich Magnetic Observatory registraron perturbaciones extraordinarias en el campo magnético la noche del 18 de octubre de 1848, una de las varias líneas de evidencia independientes que los investigadores utilizaron para determinar la fecha correcta del retraso ferroviario en Exeter.

Los investigadores también rastrearon al autor anónimo. Incapaces de localizar el material original del artículo de Nature de 1871, encontraron la copia del editor con una anotación manuscrita: "N. [J.] Holmes". Identifican al autor como Nathaniel John Holmes, un destacado ingeniero eléctrico que ayudó a desplegar cables telegráficos submarinos en partes del Mar del Norte. En 1871, Holmes vivía en Hampstead, a poco más de una milla del editor de Nature, Sir Norman Lockyer. Los periódicos de la época registran a Holmes dando una conferencia sobre los efectos químicos del espectro solar en Escocia, y una carta de 1877 muestra a Holmes invitando a Lockyer a una visita, evidencia de una relación comercial. La atribución sugiere que el relato provino de alguien con experiencia genuina, lo que hace que el error de fecha sea aún más desconcertante.

Pero el artículo es cuidadoso sobre lo que puede y no puede probar. Wild y sus coautores señalan que "no se proporciona ninguna cita que permita una investigación sobre la veracidad de la declaración". La frase sobre "alguien jugando con los instrumentos" sugiere que el relato pudo provenir de un informe de periódico contemporáneo, pero el equipo no pudo encontrar ningún informe que contuviera ese lenguaje. La fecha de 1848 es, por lo tanto, una fuerte inferencia construida a partir de pruebas convergentes, no un documento que la confirme directamente.

Lo que el estudio establece firmemente es un cronograma corregido. Con el relato de 1841 descartado, el ejemplo documentado más antiguo de clima espacial interrumpiendo la tecnología se convierte en un incidente de marzo de 1847 en el que "corrientes eléctricas espontáneas" interfirieron con los sistemas de telégrafo en la Midland Railway mientras una "aurora brillante" brillaba en las Islas Británicas. El retraso de Exeter, independientemente de cuándo ocurrió exactamente, sigue siendo uno de los primeros ejemplos claros de actividad solar interrumpiendo infraestructura crítica, pero no es el primero.

Esa corrección es importante porque replantea la historia de la relación entre la actividad solar y la tecnología eléctrica. Como dice Wild, el clima espacial a menudo se discute como un desafío moderno debido a nuestra dependencia de satélites, sistemas de comunicaciones y redes eléctricas. Lo que muestra este estudio es que "la sociedad ha estado experimentando los efectos del clima espacial en la tecnología casi desde que existen las tecnologías eléctricas". La historia de Exeter se sitúa en el punto donde las tecnologías emergentes comenzaron a encontrarse con las realidades del entorno espacial.

El episodio histórico también agudiza los riesgos contemporáneos. Si una tormenta del tamaño del Evento Carrington golpeara hoy, las fuentes dicen, probablemente dañaría gravemente la red eléctrica, causando apagones y cortes generalizados, y interrumpiría las comunicaciones por satélite. La infraestructura crítica moderna —sistemas de energía, señalización ferroviaria, navegación por satélite y redes de comunicaciones— sigue siendo vulnerable. Como señala el Dr. Mike Hapgood de STFC RAL Space, el pronóstico del clima espacial actual es mucho más avanzado que cualquier cosa disponible en la década de 1800, pero "las tecnologías modernas de las que dependemos también son mucho más vulnerables a las tormentas solares".

Aquí la evidencia tiene un límite que vale la pena declarar claramente. Las fuentes suministradas no presentan nuevos modelos ni evaluaciones de riesgo; la afirmación sobre los daños modernos es una proyección a partir de análogos históricos, no una prueba empírica. Cómo se desempeñaría realmente una red contemporánea, con sus protecciones y redundancias, contra una tormenta de clase Carrington sigue siendo una pregunta abierta que este estudio no resuelve.

El método del estudio puede ser su contribución más duradera. Es, en palabras de Hapgood, "un atisbo de una historia de detectives": unir horarios ferroviarios, periódicos históricos, observaciones solares, informes de auroras y magnetogramas digitalizados para reconstruir un evento que ningún registro individual captura con claridad. La lección es que los registros más antiguos que preservamos, por oscuros que sean, forman la base de evidencia que necesitamos para interpretar eventos pasados y fortalecer predicciones futuras. El misterio de la década de 1840 está resuelto, pero el archivo del que se nutre es lo que hizo posible la resolución.