El sistema operativo (SO) tradicional fue diseñado para gestionar recursos de hardware y aislar las aplicaciones entre sí, una necesidad en una era donde el software era creado por expertos desconocidos y distribuido como paquetes de función fija. Sin embargo, el rápido avance de la IA está alterando fundamentalmente este modelo. Al permitir que los usuarios generen sus propias aplicaciones mediante lenguaje natural, la IA está desdibujando las líneas entre la programación frontend y backend, así como entre los desarrolladores y los usuarios finales. En este paradigma emergente, la rígida partición de las aplicaciones se vuelve menos relevante cuando la mayor parte del software es creado por el usuario o su círculo inmediato para resolver problemas idiosincrásicos del mundo real. Este cambio sugiere que las futuras plataformas informáticas podrían alejarse del diseño de la década de 1970, basado en la ejecución de aplicaciones deterministas preempaquetadas. En cambio, el enfoque se está desplazando hacia dispositivos que facilitan la creación de software maleable y específico para cada tarea bajo demanda, lo que podría volver obsoleto el concepto actual del SO como un mero guardián de aplicaciones fijas.