Gregory Gundersen describe la memorización de los primeros 100 dígitos de π como un ejercicio de ingeniería, no como una demostración de una capacidad excepcional de recuerdo. Afirma que aprendió la secuencia en aproximadamente una hora, después de haber creado ya un sistema persona-acción-objeto, o PAO, y de mantenerlo mediante Anki. Esta salvedad es importante: esa hora midió la codificación final, no los meses de preparación necesarios para crear y conservar las correspondencias subyacentes.

El método comienza con la codificación elaborativa, que sustituye el material abstracto por asociaciones más memorables. En un PAO, cada número del 00 al 99 recibe una persona, una acción y un objeto. Un bloque de seis dígitos combina la persona del primer par, la acción del segundo y el objeto del tercero. El ejemplo de Gundersen combina a Albert Einstein girando sobre sí mismo y un leotardo para representar 502884. Cien dígitos decimales se convierten así en diecisiete imágenes de seis dígitos, con dos dígitos sobrantes.

Después, esas imágenes se colocan a lo largo de una ruta familiar o dentro de un edificio conocido: el método de loci, denominado habitualmente palacio de la memoria. La recuperación consiste en recorrer mentalmente los lugares y descifrar cada escena. La fuente auxiliar 2 describe el mismo mecanismo espacial: la información se asocia con lugares concretos y el recuerdo sigue la secuencia de esos lugares. Esa fuente respalda el método general, pero no confirma de forma independiente el tiempo empleado por Gundersen, su precisión ni su capacidad para invertir la secuencia.

La principal ventaja práctica es la localización de los errores. Gundersen señala que sus fallos suelen afectar a un solo glifo o hacer que interprete erróneamente un componente de dos dígitos por una diferencia de una decena, en lugar de provocarle la pérdida del lugar dentro de toda la recitación. Como cada ubicación del palacio proporciona una señal independiente, también puede detenerse y reanudar la tarea sin reconstruir la secuencia desde el principio. Recorrer el palacio en sentido inverso ofrece una ruta para recordar hacia atrás. Estas son observaciones suyas sobre un único sistema entrenado, no pruebas controladas de que el PAO evite errores en todas las personas que aprenden.

El coste oculto es la construcción del sistema. Según Gundersen, la parte que más tiempo exigía no era recitar π, sino crear una hoja de cálculo con personas, acciones y objetos memorables y claramente distinguibles. Las entradas similares pueden confundirse, por lo que las correspondencias deben ser lo bastante diferentes entre sí. Mantuvo esas correspondencias durante sus trayectos en metro porque esperaba que el sistema de números reutilizable tuviera valor más allá de esta única hazaña. Por tanto, una persona principiante que copie la técnica debe reservar tiempo para la preparación y el repaso, no solo para la lista objetivo.

La aparente diferencia con la memoria ordinaria a corto plazo también debe interpretarse con cuidado. Gundersen alude a una capacidad de entre cinco y nueve objetos, haciéndose eco de la cifra 7 ± 2, citada con frecuencia, de Miller. La fuente auxiliar 1 presenta esa cifra como una regla práctica sobre fragmentos, no como un límite universal de la memoria, y señala que investigaciones posteriores sitúan la capacidad de la memoria de trabajo cerca de cuatro fragmentos en determinadas condiciones. El tamaño de cada fragmento depende de la familiaridad y del material que deba almacenarse. El PAO funciona porque convierte cada bloque codificado en una unidad lo bastante significativa como para recuperarse como tal; no amplía la memoria a corto plazo de una forma simple y medible.

Para quienes consideran darle un uso práctico, el método plantea una pregunta de diseño clara: ¿qué permite recuperar el recuerdo después de una interrupción o de una señal equivocada? El relato de Gundersen sugiere que el orden espacial, las asociaciones vívidas y los puntos de control independientes pueden responder mejor a esa pregunta que un poema lineal o la repetición sin estructura. No demuestra que memorizar π mejore la inteligencia general, que la técnica sea igual de eficiente para todo tipo de información o que una hora de práctica sea un punto de partida realista. Las pruebas respaldan una conclusión más limitada: un sistema mnemotécnico preparado puede convertir un problema de memorización muy específico en un flujo disciplinado de codificación y recuperación.