El Museo Lucas de Arte Narrativo ha abierto sus puertas en Exposition Park, Los Ángeles, con una identidad arquitectónica tan llamativa como la trayectoria cinematográfica de su fundador. Common Edge describe el edificio de cinco plantas como una forma escultórica y orgánica que Ma Yansong, de MAD Architects, calificó de “nube”. El proyecto, cuyo coste reportado asciende a 1.000 millones de dólares, ocupa un antiguo aparcamiento ajardinado de 13 acres. Su impactante exterior quizá invite a comparaciones con la ciencia ficción, pero la cuestión más reveladora es qué coloca el museo dentro de esa forma y por qué formas de narrar tan distintas pertenecen al mismo conjunto.

El exterior escultórico del Museo Lucas, semejante a una nube, se eleva sobre un terreno ajardinado
La forma orgánica del Museo Lucas, inspirada en una nube, ocupa un terreno ajardinado de 13 acres.commonedge.org

Fuente: Common Edge, “George Lucas Returns to Earth Bearing Gifts”; crédito de la imagen: Museo Lucas. El exterior plantea la cuestión arquitectónica que enmarca el argumento curatorial más amplio del museo.

La respuesta del museo es amplia. Según el reportaje de Common Edge, unos 1.300 objetos ocupan 33 galerías y aproximadamente 100.000 pies cuadrados de espacio expositivo. Pinturas rupestres prehistóricas, esculturas antiguas, obras renacentistas, fotografías, novelas gráficas, cómics, ilustraciones cinematográficas, vestuario, utilería y diseños de vehículos conviven dentro del mismo marco institucional. George Lucas afirma que el museo se creó para honrar las historias de la humanidad y a los artistas que las cuentan, conectando la imaginación moderna con la emoción antigua. Esta misión concibe la narración como una técnica compartida por distintas épocas y medios, no como una jerarquía en la que la pintura supere automáticamente al cine o a los cómics.

La decisión curatorial más trascendente no es, por tanto, la presencia de material de Star Wars, sino su ubicación junto a obras de artistas como Diego Rivera, Gordon Parks, Dorothea Lange, Norman Rockwell, Jack Kirby, Alison Bechdel, Frank Miller y R. Crumb. Según el reportaje, el museo describe los cómics como “el arte del pueblo” y sostiene que este medio no siempre ha recibido el respeto que merece. Las películas del propio Lucas se presentan como ejemplos de una tradición visual más extensa que bebe de la mitología, la religión, la historia política y el viaje del héroe. Esa interpretación puede ayudar a los visitantes a reconocer patrones heredados en el entretenimiento popular, aunque el parecido por sí solo no demuestra una influencia directa en todos los casos.

Para quienes se preguntan si el museo ofrece algo más que un monumento dedicado a un solo cineasta, la amplitud de la colección constituye la prueba más sólida. El reportaje también identifica dos salas de cine en la planta baja que llevan los nombres del pionero del documental Robert Flaherty y del innovador del cine experimental Slavko Vorkapich. El museo prevé permitir el acceso de los visitantes a proyecciones seleccionadas sin coste adicional, creando espacios públicos que no se limitan a galerías estáticas. Esta programación es importante porque amplía la definición museística de arte narrativo, desde los objetos hasta la experiencia temporal; sin embargo, la visita preliminar no permite conocer la programación de largo plazo ni la frecuencia con la que cambiarán las selecciones.

Vista del interior de la biblioteca del Museo Lucas y de su espacio expositivo público
La biblioteca del museo ofrece un espacio interior para su colección transversal.commonedge.org

Fuente: Common Edge, “George Lucas Returns to Earth Bearing Gifts.” El interior del museo respalda el análisis de las galerías y los espacios públicos que reúnen diversos medios narrativos en una sola institución.

El espacio público del edificio forma parte del mismo argumento sobre la accesibilidad. Common Edge describe una circulación fluida y señala que el crítico, que se define como una persona con dificultades de movilidad, encontró accesibles las galerías. El paisaje circundante incluye vegetación autóctona y resistente a la sequía, senderos, una fuente, una cascada, un prado y zonas destinadas al encuentro o la recreación. Ese mismo reportaje considera que las áreas públicas son funcionalmente poco expresivas y pide más asientos. Se trata de observaciones realizadas durante una única visita preliminar, no de mediciones de la capacidad de público ni de la accesibilidad universal; transmiten una primera impresión alentadora, no una evaluación definitiva del funcionamiento diario.

La evidencia disponible no permite determinar si el museo alcanzará sus ambiciones cívicas, atraerá a visitantes recurrentes o justificará su coste reportado. Una visita a la que asistieron socios, periodistas, personalidades locales e invitados no puede medir la acogida del público en general. La fuente tampoco proporciona cifras de asistencia, una política completa de venta de entradas, normas de conservación, planes de adquisición ni una evaluación independiente de la organización académica de la colección. La cifra reportada de 1.000 millones de dólares también debe seguir atribuyéndose a la fuente, en lugar de presentarse como el coste final verificado de la construcción.

Lo que la inauguración sí deja claro es el límite propuesto por Lucas para la legitimidad cultural. Al ofrecer un marco común a los cómics, la ilustración comercial, el cine experimental, el diseño de grandes producciones, la fotografía documental y las tradiciones de las bellas artes más antiguas, el museo invita a los visitantes a comparar cómo las historias adquieren fuerza emocional en distintos medios. Si este experimento genera conocimientos duraderos dependerá, con el tiempo, de las exposiciones cambiantes, la interpretación, la programación y el acceso. Su primera prueba no consiste en que el edificio parezca de otro mundo, sino en que su definición inusualmente inclusiva del arte narrativo siga siendo comprensible una vez que haya pasado el espectáculo de la inauguración.