La cueva de Hohle Fels en el sur de Alemania reveló un bastón de colmillo de mamut, conocido como lochstab, datado en más de 35,000 años. El artefacto es una varilla de aproximadamente ocho pulgadas de largo perforada con cuatro agujeros, cada uno revestido con surcos espirales. Cuando los investigadores hilaban fibras de totora a través de estos surcos y las retorcían, los surcos ayudaban a alinear las hebras y producían 16 pies de cuerda gruesa y resistente en solo diez minutos. Este experimento muestra que el lochstab era una herramienta para fabricar cuerda, corrigiendo una interpretación anterior que lo consideraba un objeto puramente simbólico.
/https://tf-cmsv2-smithsonianmag-media.s3.amazonaws.com/filer_public/2a/43/2a43872b-3e44-4548-8a9d-d5b7190a2469/soft-archaeology-1200x630.jpg)
Esta imagen corresponde al experimento descrito en el primer párrafo donde los investigadores probaron el bastón de Hohle Fels como herramienta para fabricar cuerda, produciendo cuerda gruesa en minutos.
Más allá de la fabricación de cuerdas, la misma evidencia retrasa la cronología del uso de fibras. El fibero humano hecho más antiguo que se conserva es un cordón de tres hilos de seis milímetros de largo fabricado por neandertales hace unos 50,000 años en el refugio rocoso Abri du Maras en Francia, mientras que los patrones de desgaste en herramientas de piedra de Francia y los Países Bajos sugieren que el enfuste—fijar puntas de piedra a mangos con cordón—puede remontarse hasta hace 250,000 años. Al asegurar una piedra afilada a un eje de madera, el enfuste transformó simples rocas en hachas, flechas y lanzas, ampliando enormemente lo que los humanos prehistóricos podían cazar y construir.
/https://tf-cmsv2-smithsonianmag-media.s3.amazonaws.com/filer_public/29/80/29806b2c-b313-44b6-a8dd-e06b2d4d0e57/g-getting-handle-on-it.png)
Esta imagen se relaciona con la discusión del artículo sobre la evidencia de enfuste basada en patrones de desgaste en herramientas de piedra, que sugiere el uso de cordón desde hace hasta 250,000 años para crear armas y herramientas enfustadas.
Producir dicha fibra era laborioso y estructuraba los ciclos estacionales. Los trabajos etnográficos con el pueblo Wola de Papúa Nueva Guinea muestran que generar suficiente cuerda para una sola bolsa requiere entre 65 y 80 horas de torsión además de la búsqueda de materias primas, y la preparación del cordón por parte de los neandertales implicaba remojar la corteza interna durante aproximadamente dos semanas antes de poder romperla en fibras utilizables. Estas exigencias significaban que la producción de fibra estructuraba la movilidad anual de los grupos cazadores‑recolectores, mientras que la naturaleza perecedera de la cuerda, el cuero y la madera implica que la mayor parte de esta tecnología deja pocos rastros, dejando las herramientas de piedra para dominar el registro arqueológico.