En 2025, varios observadores situados frente a la costa sur de Gold Coast, en Queensland, Australia, registraron a una ballena jorobada hembra que regresaba repetidamente junto a una cría que, según presumieron, había muerto alrededor del momento del parto. Según Griffith University y Sea World Foundation, la madre permaneció cerca de la cría durante varias horas y quizá más tiempo, mantuvo contacto visual con ella y se colocó a su lado bajo la superficie. También estaba presente una ballena acompañante.

El artículo se centra en el comportamiento observado por una ballena jorobada madre frente a la costa sur de Gold Coast, en Queensland, y esta imagen identifica a la especie tratada en el informe.
El relato se publicó como estudio de caso en Discover Animals con el título «Primer registro de la presencia post mortem de una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) junto a una cría nacida muerta». Su importancia reside menos en revelar un comportamiento totalmente desconocido que en ampliar el registro documentado hasta incluir a las ballenas jorobadas, una especie de ballena con barbas. Olaf Meynecke, investigador de Griffith University, declaró a Phys.org que la atención prolongada a crías muertas se había comunicado anteriormente sobre todo en ballenas dentadas y delfines, mientras que las observaciones comparables de ballenas con barbas publicadas seguían siendo escasas.
Esta distinción taxonómica es importante. Pueden registrarse acciones similares en distintas especies sin que ello demuestre que surjan de procesos mentales idénticos. La proximidad de la madre, su orientación hacia la cría y sus repetidos regresos son hechos observables que comunicaron los testigos. Términos como cuidado parental, vínculo materno, duelo y dolor interpretan esas acciones mediante comparaciones con comportamientos relacionados con la muerte en otros mamíferos socialmente complejos.
Por lo tanto, las pruebas respaldan una conclusión más limitada de la que sugiere el titular. Documentan la presencia post mortem de una madre ballena jorobada junto a su cría; no demuestran que experimentara dolor tal como lo entienden los seres humanos. Los investigadores no pueden medir directamente el estado subjetivo del animal a partir del vídeo comunicado y de las observaciones de campo. El comportamiento es compatible con una fuerte respuesta maternal, pero esa compatibilidad no equivale a demostrar una emoción concreta.
La duración también presenta incertidumbre. El informe suministrado afirma que la madre permaneció con la cría durante «varias horas y quizá incluso días». Ese intervalo refleja los límites de la observación, no un período medido con precisión. Conviene mantener la distinción entre las horas documentadas de atención cercana y la posibilidad de una duración mayor, que los investigadores presentaron con cautela.
También merece tenerse en cuenta otra limitación: la fuente describe a la cría como presuntamente fallecida e identifica el suceso como un parto de un feto muerto, pero el material suministrado no menciona una necropsia ni otro examen directo que establezca el momento o el mecanismo exactos de la muerte. El caso puede respaldar conclusiones sobre el comportamiento observado de la madre sin resolver todos los detalles biológicos relacionados con la cría.
Para los científicos, la enseñanza práctica consiste en documentar de forma sistemática las raras muertes neonatales, en lugar de considerar un único encuentro conmovedor como una explicación completa. Los registros sistemáticos de la ubicación, las ballenas acompañantes, la visibilidad, la duración, la posición corporal y los acercamientos repetidos podrían ayudar a los investigadores a comparar casos y distinguir las observaciones fiables de las interpretaciones posteriores. Ese trabajo podría aclarar con qué frecuencia se produce la presencia post mortem en las grandes ballenas y si varía según la especie, el contexto social o las circunstancias.
Para los lectores, la observación ofrece una forma rigurosa de reflexionar sobre las emociones animales. Aporta pruebas de que las ballenas jorobadas pueden mostrar un comportamiento prolongado y organizado alrededor de una cría muerta, ampliando lo que se conoce más allá de los delfines y otras ballenas dentadas. No revela la experiencia interior de la madre, no establece que todas las ballenas jorobadas respondan de la misma manera ni demuestra que este comportamiento cumpla una función evolutiva concreta. La conclusión más sólida es también la más útil: las acciones de la ballena se documentaron cuidadosamente, mientras que su significado emocional sigue siendo una interpretación basada en pruebas, no un hecho establecido.